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Madre María, la Misericordiosa y Compasiva

Madre María, la Misericordiosa y Compasiva

La misericordia y la compasión son dos de las palabras más comúnmente asociadas con la Madre de Cristo, y dos rasgos que muchos invocan al pedir su divina intercesión. Esto es discutible porque ella es un ejemplo perfecto de cada uno.

Vasija de Misericordia

Después de todo, es María quien actuó como el recipiente de la misericordia. Madre de Jesucristo, es a ella a quien le gritamos durante esa tan repetida oración:

“Dios te salve, Reina Santa,

Madre de Misericordia,

Nuestra vida, nuestra dulzura y nuestra esperanza …“

Hijo de una Inmaculada Concepción, Dios la preparó perfectamente para llevar su misericordia al mundo en la forma de su Hijo.

Este es un regalo que ella nos dio a todos de buena gana. A pesar de la vergüenza de la maternidad soltera en un momento en que la sociedad tenía tantos prejuicios contra esas mujeres, y la desilusión inicial inmerecida de su prometido, José, aguantó todo para dar a luz a un niño que limpiaría el mundo de sus pecados y lideraría con un brillante ejemplo.

A través de ella, así recibimos la Divina Misericordia en su forma más pura: injustificada, inmerecida, pero dada por Dios con esta bendita mujer voluntariamente actuando como un recipiente divino.

Compasión contra todos los pronósticos

Es en ella que vemos compasión pura y sin adulterar también. Siempre dispuesta a interceder en nombre de aquellos que la invocan, ella aporta las cualidades más suaves y tiernas de la feminidad a nuestra religión, siendo una gran madre para todos nosotros.

Este es su verdadero propósito: ser madre, nutrir, cuidar y escuchar. En nuestros días más oscuros, es a sus oídos donde dirigimos nuestras súplicas, y con la máxima compasión, ella decide escucharnos a todos desde su trono celestial: siempre allí, siempre esperando, y siempre benevolente.

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